Quinteto de la Muerte para Sebastián Roa y su Enemigos de Esparta.

Comenzamos nuestra sección de Quinteto de la Muerte con Enemigos de Esparta, de Sebastián Roa, publicado por Ed. B. Ahí van sus respuestas, sin prolegómenos ni añadidos por nuestra parte.

¿Cuándo? Siglo IV a. C. Tras la Guerra del Peloponeso, Esparta se ha alzado como polis hegemónica y domina el mundo griego a través de sus propios gobernadores y guarniciones, apoyando a las oligarquías locales o interviniendo militarmente de forma directa.

¿Dónde? En Atenas, los demócratas tebanos viven exiliados desde que Esparta impuso un gobierno títere. Su objetivo es recuperar el poder en Tebas y alzarse contra la soberbia espartana. La búsqueda de apoyos, las campañas militares y los juegos de poder nos harán recorrer Eubea, Tesalia, el Peloponeso, el Egeo e incluso el imperio persa.

¿Quién? Prómaco, un peltasta mestizo, huye del bárbaro reino Odrisio en compañía de su amada. Su objetivo es luchar a sueldo para Esparta, lo que implica trabajo asegurado y con todas las garantías de triunfo porque ¿quién sería capaz de vencer a los espartanos? Los vaivenes del destino lo llevarán a enemistarse contra ellos, y así conocerá a los conspiradores tebanos del alzamiento contra Esparta: Pelópidas y Epaminondas.

¿Por qué? Aparte de dar salida a un viejo proyecto, me propuse poner a Esparta en el lado opuesto al que estamos acostumbrados últimamente. En esta novela, los espartanos no son los nobles salvadores de la civilización occidental, sino los opresores insufribles que humillan al resto de Grecia y mantienen esclavizadas a poblaciones enteras. Además, me interesaba sacarle brillo al Batallón Sagrado, unidad de élite tebana compuesta por 150 parejas de amantes homosexuales: un ejemplo de eficacia guerrera que choca con los prejuicios de los siglos recientes. Por último, me apetecía rescatar un periodo de la historia que lleva muchos años a la sombra de los hechos anteriores (la rivalidad entre Esparta y Atenas) y los posteriores (la eclosión del poder macedonio y la gesta de Alejandro Magno).

¿Para qué? Para inducir la reflexión sobre tres temas que mantienen su importancia a través de los siglos: los defectos de la democracia, la verdadera naturaleza del amor y la necesidad vital de las Humanidades.

Mi Quinteto de la Muerte

Voy a iniciar un experimento que no sé si calificar de minicuestionario, minientrevista o qué a distintos autores de narrativa, sobre una obra suya en concreto. Lo que importa es que sea operativo. También que sea distinto y no por vanidad de apartarse de lo que se hace, sino porque creo que el apartado de las entrevistas convencionales está más que cubierto y, además, por excelentes profesionales del periodismo.

Esto va a ser otra cosa. Dar al entrevistado o cuestionado la oportunidad, sobre unas preguntas fijas, de explayarse por los derroteros que él quiera. He llamado a este experimento El Quinteto de la Muerte. Más bien Mi Quinteto de la Muerte, porque son cinco preguntas muy breves (más concisas imposible) que, sin embargo, permite mucha flexibilidad de respuesta.

Quiero aclarar que no es una alusión ni un homenaje a la película El Quinteto de Muerte, entre otras cosas porque esa cinta, que tiene muchos admiradores, a mí no me gustó nada, lo cual solo dice de mis gustos y no de la película, claro. Vamos, que podía haberle llamado tranquilamente Repóquer de Preguntas, pero queda menos llamativo y yo tengo cierta inclinación por la truculencia.

Las preguntas, como he dicho, son cinco e invariantes, aunque el destinatario, además de poder salir por donde quiera, siempre que la respuesta esté ligada a la pregunta, puede ordenarlas como quiera, para mejor eficacia de lo contestado. Estas preguntas son:

 

¿Cuándo? Aquí el entrevistado podrá contar lo que le dé la gana sobre la época en la que se desarrolla la obra.

¿Dónde? Aquí podrá hablar lo que desee sobre la localización geográfica.

¿Quién? Sobre el personaje o los personajes de la obra en cuestión.

¿Por qué? Acerca de los motivos que llevaron al autor a escribir este título.

¿Para qué? Sobre qué es lo que se quiere trasladar al lector.

 

Sencillo, ¿verdad? Y al mismo tiempo con todo un mundo de posibilidades. Y en seguida veremos qué es lo que da de sí.

La ciencia-ficción retro

Ando estos días revisando diversas narraciones para ver si me animo a sacar una nueva antología de historias cortas. Sería la segunda en mi carrera y casi 20 años después de aquella primera Besos de alacrán. Esta habrá de ser más heterogénea, ya que son historias que he ido escribiendo a lo largo de dos décadas y carecen de esa unidad que el fantástico daba a las de la primera antología. Pero por supuesto que algunos de los relatos se encuadran dentro de ese género —o supergénero— que llamamos fantástico. Uno en concreto, La noche roja, es una historia de ciencia-ficción que algunos se empeñan en ubicar en la lista de mis novelas, cosa que yo no acepto. No porque en realidad es una novela corta. Es verdad que sobrepasa en un par de miles de vocablos esa cifra de 40.000 palabra que muchos consideran que es la frontera entre novela corta y novela a secas. Pero si atendemos al criterio de que una novela propiamente dicha se diferencia de la corta en que tiene tramas secundarias, La noche roja es novela corta de todas, todas. Sus posibles tramas secundarias no están más que esbozadas, por ser generosos al decirlo. Pero no quería entrar aquí en disquisiciones sobre qué es y qué no es novela. Sí en que me está resultando de lo más curioso revisarla, tanto por el estilo y las soluciones, como por la temática. En cuanto a lo primero, ahora no la habría escrito así ni loco. Creo que las ideas de La noche roja tienen mucho más recorrido del que le supe dar en su día. También se podría haber escrito de forma mucho más eficaz. Sin embargo, no he querido reescribirla. Si algún día volviese sobre esos temas, haría una novela nueva. Insisto en que hará casi 20 años que la escribí. Considero que, cuando ha pasado tanto tiempo, rehacer es casi como reescribir la novela a otro. Respecto a la temática, ocurre que la tecnología que aparece ahí está obsoleta, caduca, desfasada. Eso le pasa a mucha ciencia-ficción con el paso de los años. Lo interesante es que, en este caso, tal circunstancia no afecta para nada a la novela. No porque, en la cuestión tecnológica, ya era anacrónica e incongruente de partida. Lo hice así de manera voluntaria, puesto que, como la mayor parte de mi obra de ciencia-ficción de entonces, fue un homenaje a la space-opera. Y tal peculiaridad sí que me lleva a una reflexión. Hay un montón de ciencia-ficción de corte aventurero y espacial que recurre a tecnología obsoletas y a la que podríamos agrupar bajo el término de ciencia-ficción retro. Obras que no pueden quedar desfasadas porque nunca tuvieron la pretensión de plantear futuros posibles sino de crear marcos estéticos. Me temo que no puede decirse lo mismo de mucha de la cf hard de la última década del siglo XX y de la primera del XXI. Toda esa literatura con ínfulas, empeñada en contarnos cómo sería el futuro y que resultó no solo errada sino diríamos que, en algunos casos, miserablemente errada. Es verdad que también el ciberpunk se equivocó a lo hora de contarnos cómo sería el futuro próximo. Pero los del ciberpunk, más que tratar de decirnos cómo sería el futuro tecnológico o social, jugaban con la idea de que las nuevas tecnologías cambiarían de forma drástica a la humanidad. Y, desde luego, en eso acertaron de lleno. Pero volvamos a esa literatura hard con ínfulas. Cuando ahora uno recuerda esos títulos, no puede sino reírse. Y quede claro que he dicho literatura hard con ínfulas. Ni tengo ni tuvo nunca nada contra el hard en sí. Me parece una forma de abordar el género, como hay otras. Pero sí tengo —o más bien tuve, porque ahora son poquita cosa— mucho contra algunos apóstoles del hard que no hacían más que dar el tostón con afirmaciones tales como que esa era la verdadera ciencia-ficción y que todo lo demás eran subproductos y bastardías. Ellos, ellos eran los que de verdad estaban explorando el futuro. Pues, si es así, hemos de convenir en que, además carecer de tino, tampoco tenían ninguna serendipia. Colón partió hacia la India y acabó en América, pero ellos zarparon hacia el futuro y no llegaron a ninguna parte. Sus especulaciones terminaron en nada. En fin. He buscado la expresión ciencia-ficción retro y no he encontrado nada. Eso no quiere decir que no ande por ahí o que no exista algún término para definir lo parecido. Lo que importa es que, al revisar algunos de mis textos y, por supuesto, al releer a viejos maestros de la space-opera y la cf espacial te das cuenta de que esa falta de pretensiones proféticas mantiene viva a este tipo de literatura. Uno puede leer con la misma fruición a Jack Vance ahora que hace 30 años, o volver a pasearse por Muerte de la luz, la primera novela de George R.R. Martin —ahora archiconocido por Juego de tronos— que es pura ciencia-ficción galáctica en la que las naves interestelares coexisten con los duelos de honor a espada. Y en literatura, la capacidad (o la suerte) de resistir el paso del tiempo es lo que marca la diferencia entre que un libro se siga leyendo o acabe relegado a eruditos, expertos en algún campo literario exótico. Así que, por eso, le auguro muy larga vida a la ciencia-ficción retro.  

«Traidor» a todos

Es probable que reduzca mi producción como novelista histórico. Pero no se alarmen, que no es que piense abandonar el género ni es que me haya hastiado de esos escenarios literarios. La cosa es más complicada.

Verán: Muchas veces he dicho que mi modelo como novelista es lo que hacen los directores de cine, sobre todo los estadounidenses, que incursionan en muchos géneros y formatos. Ese es mi ideal: hacer hoy un dramón y mañana una comedia, pasado una pequeña obra independiente y al otro una gran superproducción con legiones, trirremes y elefantes. No soy de los escritores que ha querido quedarse en un solo género, ni en un solo segmento de ese género. Respeto a quienes lo hacen, por supuesto pero, al menos en mi caso, eso me conduciría a algo que he visto en otros. No solo a no crecer como escritor, sino a acabar autoplagiándote, que es de las cosas más tristes que te pueden ocurrir.

Esa intención de explorar no siempre estuvo en mí por la sencilla razón de que cuando comencé a escribir no tenía la más mínima intención de dedicarme profesionalmente a esto. Por aquel entonces yo navegaba y, durante un lapso de tiempo en tierra, animado por algunos amigos, empecé a publicar algunos cuentos en revistas especializadas de ciencia-ficción. No pensaba ir mucho más allá y ese es el motivo principal de que adoptase el heterónimo de León Arsenal. No me apetecía gran cosa que me identificasen en mi trabajo como el autor de los cuentos que publicaba. No por nada sino porque yo soy así.

El azar y el destino hicieron que acabase en tierra y que comenzase a escribir obra larga. Lo cierto es que mis dos primeras novelas publicadas fueron ambas de género histórico, en la editorial Valdemar. Luego llegó la película (la trilogía de películas) del Señor de los Anillos, Planeta compró Minotauro, editora de esa trilogía, e instituyó el premio Minotauro. Ahí que mandé mi novela Máscaras de matar, escrita un par de años antes y a la que di una buena revisión ya con la experiencia de dos novelas publicadas. Y gané el premio.

De repente, me encontré convertido en uno de los figuras de la literatura fantástica española y con un montón de promoción que me puso en el candelero, cosa que agradeceré siempre. También aumentó de manera exponencial mi número de odiadores y denostadores dentro del mundillo de la ciencia-ficción y fantasía española, que siempre ha sido en ese sentido un charco de bilis negra y amarilla todavía más humeante que otros, que ya es decir.

Entre los mil y un motivos que encontraron algunos popes de fancine para ponerme a caer de un burro fue el hecho de que, tras el Minotauro, en vez de consagrarme en cuerpo y alma a la sagrada causa de la literatura fantástica, publicase con Edhasa La boca del Nilo, una novela histórica de aventuras sobre la expedición enviada por Nerón a las fuentes del Nilo. Que esa novela se fuese en seguida a las cinco ediciones y que además ganase los premios Ciudad de Zaragoza y Espartaco de la Semana Negra de Gijón, ambas a la mejor novela histórica publicada en el 2004, lo único que hizo, me temo, fue atizar las iras de los santos.

Esa, supongo, fue la primera de mis traiciones, o al menos así se lo tomaron algunos que se consideraban a ellos mismos guardianes de las esencias de la cf y f patria. Pero esa «traición» no fue más que la primera de muchas.

Opinadores que se dicen críticos

PredicadorUna de las consecuencias de impartir talleres de literatura es que algunos de tus alumnos acaban publicando libros en editoriales profesionales (o por su cuenta en red, que es lo que ahora llaman indies y es un camino muy interesante y digno de explorar). Cuando me entero, me llevo una alegría. Quizá no debiera, porque significa que he ayudado a echar a un competidor más a un mercado saturado de oferta. Pero los humanos no siempre somos tan ruines como nos gusta alardear.
En fin, que yo me alegro. Y más si esa persona me dice aquello de: «¿Sabes? Tu taller me ayudó». Uno no puede pedir más. Siempre me han irritado esos pavos reales que, por haber dado tres o cuatro clases a fulano o a mengano, se las dan de mentores y origen último de sus triunfos literarios.
Pero, dar talleres, tiene consecuencias también menos agradables. Porque tus ex alumnos te confían también sus sinsabores. Por ejemplo, con las críticas. ¡Ay, las críticas! Cuando uno empieza, es especialmente sensible a las críticas. No es que se haga jamás impermeable del todo a ellas. Pero, con el tiempo, relativizas. En cambio, uno que empieza, cuando lee una buena crítica se hincha como un pez globo y, cuando es mala, se arruga como una pasa.
Hay muchos tipos de malas críticas, claro. Las hay adversas, con razón o sin ella. Las hay ponderadas y las hay desaforadas. Las hay a mala leche, a hacer daño. Pero, a mi juicio, ni siquiera esas son las peores.
Las peores son aquellas en las que un indocumentado se coloca en una especie de metafórico púlpito elevado para pontificar. Para mí, los peores entre los malos críticos son aquellos que se creen el verdadero meollo de la literatura. Los escritores no, ellos, dictando doctrina.
Yo pensaba que la cosa mejoraría con el tiempo, pero no. A los carcamales que se Inquisicion jactaban de haber leído cien mil libros, muchos de ellos en sus lenguas originales, les han sucedido pringadillos que verborrean sobre teoría literaria abstrusa y ponen de ejemplo de summum literario a escritores a los que no conocen ni en su casa a la hora de comer. Ojo, nada de eso está mal, excepto que se use para justificar una pretendida autoridad.
Inciso. Me dirán: «joder, cómo estás poniendo a los críticos». Responderé: «no, que estoy hablando de los malos críticos».
Bueno. El caso es que, visto lo visto, dejo hueco en mis talleres para hablar de la cuestión de las críticas. Y se lo digo a los alumnos (o asistentes) con toda claridad: en el fondo, la crítica no existe. Existen las opiniones. Y las opiniones no son objetivas. Eso no es ni malo ni bueno, es un hecho. Pero, por desgracia, demasiados equiparan el me gusta con el es bueno, y el no me gusta con el es malo.
Hay críticos que te razonan sus opiniones, y en ese sentido hay verdaderas joyas, aunque se equivoquen a veces. Los hay que relativizan sus opiniones, lo cual no deja de ser una vía próxima a una objetivización imposible.
ViejosPero, al lado de eso, hay demasiados que se marcan unos discursos prepotentes y matasietes que, la verdad, hacen pupa a los que empiezan. A los veteranos, nos fastidia el tiempo que tardamos en tomar cervezas con otro escritor. Empezamos con un: pues un gilipollas me hecho una crítica que… y acabamos riéndonos de las tonterías.
Segundo inciso. Me dirán que yo también critico (u opino). Desde luego. Repito que ni estoy contra la crítica ni contra los críticos (ni siquiera contra los que me ponen a parir). Estoy en contra de los perdonavidas. Es verdad que yo mismo escribo críticas que no dejan de ser mi opinión, más o menos razonada. Pero yo, al menos, procuro no comentar jamás un libro que me haya parecido malo o no me haya gustado.
Con eso, dicho sea de paso, hago flaco favor al autor. En esto, es cierto que más vale que hablen mal de ti a que no hablen. El lector o el oyente se queda con el nombre, luego ve el libro en la mesa de novedad y le suena, y no recuerda si hablaron bien o mal de él.
Hace años, yo dirigía una modesta revista de ciencia-ficción. A los críticos ya se lo tenía advertido: quiero críticas positivas. Si un libro no te gusta, ahí tienes la pila, elige otro. Sobrando libros y faltando espacio, es mejor orientar de manera positiva a un posible lector, hacia libros que puedan llenarle de satisfacción. Y si era un libro que había que criticar sí o sí (porque estaba en el candelero), pues la norma era: si crees que es malo, dilo. OK. Razónalo. Y de despellejar y hacer carnicerías, olvídate.
Pero eso son batallitas. A lo que íbamos: que me molesta la injusticia, me caen mal los cobardes que, parapetados en la distancia y el ordenador, se permiten frescas, insolencias y descalificaciones contra una obra. Si es mala, dilo. Pero no te ensañes para demostrar que eres ingenioso. Más si encima eres el típico españolito que luego no se atreve a llamar a un señor en silla de ruedas paralítico, sino persona de movilidad diferente. Fariseos a la par que malvados y mediocres. Para variar.

 

ENDEI 2016

EndeiEl panorama de los eventos culturales está más que convulso en España. La crisis ha ido cercenando bastantes ramas del árbol. A lo largo de los últimos años, se han caído eventos ya consolidados y otros muchos se han convertido en la sombra de lo que eran, por mor de los recortes presupuestarios.

A eso ha habido que añadir, en el último año, los cambios en gobiernos municipales. Las nuevas alcaldías han dejado caer sin pestañear todo tipo de eventos y, en esa tala, ha desaparecido de todo. Desde eventos caducos que se mantenían por pura inercia a iniciativas muy valiosas y reconocidas dentro y fuera de nuestro país.

Por eso no deja de ser una alegría, al menos para mí, el anuncio de la segunda edición del ENDEI. En primer lugar porque es algo muy diferente a las propuestas habituales. Y no digo que no sea positivo que hasta en el último rincón de España no haya su feria de ciencia-ficción o su concurso de poesía. Pero esto es distinto.

Es una convención de Editoriales Independientes, a la que acuden empresas editoriales que muchas veces quedan oscurecidas por la sombra de las grandes. Y se programan actividades de lo más insólita en nuestro panorama. ¿Un ejemplo? Los speed dating o encuentros rápidos cara a cara. Ahí, los autores con una obra o un proyecto de obra tienen unos minutos para «vendérselo» a un editor. Y de la anterior edición han salido varias publicaciones. Un método usado en otros lares y aquí casi marginal, pese a sus ventajas.

En fin, no me extenderé más. Si les pilla cerca (es en Castellón, en abril) no se arrepentirán si se dan una vuelta por allí. Estas iniciativas hay que apoyarlas.

Los piratas de libros y el Arma Definitiva

FireShot Capture - la boca del nilo - Libros en Google Play_ - https___play.google.com_store_searchEn estos días estamos viviendo un episodio que podríamos calificar de piratería editorial masiva. Un particular o empresa que se identifica como «fryha-editor» se está dedicando a subir ebooks de diversos autores y editoriales a la tienda de Google play. No solo lo hace sin tener esos derechos, sino que los vende más baratos que los legales y, además, hace figurar como autor de todos a ispanyolca. Un listado no exhaustivo de los libros se puede ver pinchando sobre el nombre. Digo no exhaustivo porque en ese listado no figuran muchos más títulos, entre ellos tres míos, como se puede ver en uno de los pantallazos que acompañan a esta entrada, en el que se ve el libro legal publicado en Kokapeli y al lado el fraudulento, robado por cierto a la antigua edición de Edhasa a la que además han tapado el logo.

Esto ocurre desde hace días y de hecho, el pirata está subiendo nuevos títulos todos los días y engrosando a gran velocidad su catálogo fraudulento. El caso es que varios autores hemos denunciado, y supongo que habrá editoriales que han hecho lo propio, sin que haya habido reacción de Google play de momento (lo cual no quiere decir que no la vaya a haber). También le oído y leído unas cuantas salidas de tono al respecto, por lo que aprovecho para comentar cual es la situación y cuáles son los pasos que se pueden dar en estos casos.

Si se detecta un caso como este, lo primero es denunciar el caso a la propia plataforma. La ley de Servicios de la Sociedad de la Información (LSSI) establece de modo muy claro que ningún medio ni prestador de servicios tiene responsabilidad en una infracción (sea piratería, comentario injurioso, pornografía, etc.) si no ha sido avisado. Es lo razonable. No puede ser que alguien se vea en un lio legal porque cualquier anónimo cuelgue una calumnia sobre alguien en los comentarios de, por ejemplo, un blog. Tendrá responsabilidad si, habiendo sido avisado, no hace nada para remediar la situación.

FireShot Capture - İspanyolca - Libros en Google Play_ - https___play.google.com_store_books_authorAsí pues, el primer paso es usar el formulario de denuncia de Google play. Yo lo he hecho y, aquí, un consejo. Quejaos en inglés. Yo presenté primero la queja en español y no recibí respuesta. La segunda lo he hecho en inglés y he recibido el siguiente mail de confirmación de recepción

Así pues, la plataforma está avisada. De momento no ha retirado los libros pirata, pero eso no significa nada. Tampoco es razonable que, ante denuncias, se actúe sin comprobar. Daría pie a que cualquiera denunciase de manera falsa causando perjuicios considerables a gente inocente.

Bueno. Pero ¿qué pasa si un prestador de servicios no actúa? Pues hay varias vías. Se puede denunciar ante la Sección II de la Comisión de la Propiedad Intelectual, bien uno mismo o bien a través de organismos como CEDRO. Esa Sección II, tras examinar el caso, puede ordenar que se cierre la web, en caso de estar en España, o que se bloquee su acceso, en caso de operar en el extranjero. Nunca he recurrido a la Sección II, por lo que no puedo opinar de su rapidez o eficacia.

En este caso, entiendo que hay más cauces. Quien sea que está haciendo esto, no está cometiendo una infracción relacionada con la difusión pública de la obra. Se está lucrando de su venta ilegal, directamente, además de robar la autoría de los libros. Esos son delitos punibles. Y lo está haciendo con gran número de obras, con lo que entiendo que procede denunciar ante la Unidad de Delitos Tecnológicos de la Policía Nacional y/o en el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil. Y supongo que en aquellas regiones con policías autonómicas habrá también unidades especializadas en estos delitos.

Pero, además de eso, queda el ARMA DEFINITIVA. Porque verán: Para registrarse en Google Play hay que dar datos personales, CIF y una cuenta donde se ingresa el dinero. Y esa cuenta tiene que tener titular. Todo ese dinero se está ganando de manera fraudulenta y es de suponer que sin seguir las leyes. Por tanto, entiendo que es posible denunciar el caso ante Hacienda. Sí, han leído bien. Hacienda. Mal enemigo, señores.

Que se vea este pirata las caras con Hacienda y verás qué rápido le ajustan las cuentas. Con Hacienda hemos topado. Nunca debiste cruzar este Misisipi, forastero.

Resolviendo algunas dudas que han planteado sobre el Club de lectura

Clublectura1Algún amigo se ha puesto en comunicación conmigo para plantearme algunas dudas sobre el Club de Lectura Negro Café que arranca el 9 de abril, así que aquí os dejo una especie de mini FAQ para aquellos a los que pueda ser de utilidad.

¿Cuál es la duración del Club de Lectura? Ninguna en el sentido de que no es ningún curso ni actividad de asistencia continua. El Club de Lectura está planteado como una actividad mensual en la que, en cada ocasión, se debate y comparte sobre un libro concreto. Cualquiera, mientras haya plazas, puede anotarse a la reunión del Club de ese mes, sin que sea condición el haber asistido a otros previos o tenga que asistirse a los siguientes. Es lógico que, según carácter e inclinaciones, apetezca acudir a departir sobre un libro determinado y sobre otro no.

¿Seguro que no cuesta nada? Que no. Que es una actividad gratuita auspiciada por la asociación Negro Café y el restaurante los Galayos. Aunque, eso sí, cada cual se paga sus cafés.

¿Hay que haber leído el libro? Mejor sí, aunque no es indispensable. Pero para departir sobre algo hay que haberlo conocido, pero si por la razón que sea no se ha podido, siempre se puede escuchar y abrir el apetito. Eso sí, habrá spoilers en abundancia, como es lógico.

¿Qué periodicidad tendrá? Mensual en principio, aunque parece lógico que se interrumpan con la llegada del verano… o no, de la gente dependerá.

¿Se va a extender a una suerte de foro online? Depende de la voluntad de los posibles interesados.

 

Y eso ha sido todo de momento. Cualquier duda, a través de esta página o de talleres@negrocafe.org

Eso sí: aún hay plazas libres, así que a través de esa misma dirección de talleres podéis todavía inscribiros, y también correr la voz. No queremos arrancar con muchos asistentes de primeras, no sea que nos pillemos los dedos.

Club de lectura en Madrid, una nueva aventura

leyendo6Inicio una nueva aventura de la mano de Negro Café. Una que me atrae especialmente. Dirigir un club de lectura situado en Madrid. Uno gratuito, como deben ser los clubs de lectura, a los que os invito a uniros (en alguna de sus sesiones al menos) mientras haya plazas. Es el formato que hemos elegido tras discutir el asunto. Celebrarlo en Los Galayos, en la Plaza Mayor, local que fue el último sitio donde se reunión la generación del 27, en una sala que nos cede la dirección de manera generosa. Y hemos decidido que sea aforo limitado, dado que en un club de lectura se participa, se opina, se debate. No puede ser una clase magistral donde unos van de oyentes pasivos de otro o de otros. Por eso, aunque gratuito, no es abierto y hay que inscribirse. Os dejo la información más abajo.

En cuanto al formato, cada sesión, que esperamos que sea mensual, se debatirá sobre un libro, en la fórmula más clásica. El primer libro será Salambó, de Flaubert. Los que me conocen sin duda no se sorprenderán de la elección. En la página correspondiente de Negro Café además se añaden enlaces a material adicional.

Vamos allá y, a los que estéis interesados, os invito. Y si tenéis alguna duda, por supuesto que podéis consultarme a través info@leonarsenal.com

Información e inscripción en la próxima sesión del club que será el 9 de abril (así habrá tiempo de sobra para leer Salambó antes, aquellos que no lo hayan hecho, ¡pecado imperdonable!) a través de este enlace Pinchar aquí.

Microtalleres

Me implico en una nueva experiencia que, la verdad, me apetece mucho. Los microtalleres.

Es lo que comentaba acerca de los talleres express y los talleres tradicionales de literatura. Sin pretender sustituir a los segundos por los primeros, ocurre que hay una parte significativa de personas interesadas en esta actividad que no pueden o no quieren estar asistiendo aun taller durante meses. Eso tiene que ver tanto que ver con el ritmo de vida que llevamos en la actualidad como con los cambios de hábitos y mentalidad que estamos experimentando una mayoría (a tal respecto, recomiendo encarecidamente leer Superficiales, ¿qué está haciendo internet con nuestras mentes?  de Nicholas Carr). Nos volvemos multitareas, fraccionamos nuestra actividad, somos menos intensivos que generaciones anteriores o incluso que nosotros mismos hace dos décadas (si tenemos la edad suficiente para ello).

Por eso me apetece la experiencia de los microtalleres. Es otra forma de abordar la enseñanza de la práctica de la narración. Dos horas, al grano, a un tema monográfico concreto.

Este primero lo vamos a realizar en Madrid. Digo vamos porque, aunque lo impartirá un servidor, sale de la colaboración de la Asociación Negro Café, la librería Méndez (una de las históricas de Madrid) y el restaurante los Galayos, otro veterano en su campo. El taller tendrá lugar el sábado 14, de 10 a 12, horas. Versará sobre la creación de personajes en la novela histórica y, si os apetece la experiencia, podéis encontrar el temario (microtemario, claro) y la dirección de contacto pinchando aquí.